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Siniestros de baja intensidad

Siniestros de baja intensidad

SINIESTROS DE BAJA INTENSIDAD

Los llamados siniestros de baja intensidad son accidentes leves (normalmente por alcance trasero), que generan daños materiales escasos en el vehículo.
Hay una gran problemática con estos siniestros y las víctimas se enfrentan a importantes dificultades. Cuando el vehículo tiene daños materiales leves, por ejemplo, de 250€ de coste de reparación y se califica el siniestro de baja intensidad, las aseguradoras consideran que la víctima no se ha podido lesionar de ninguna manera y niegan la lesión más frecuente de este tipo de accidentes que es el latigazo cervical. Incluso en muchas ocasiones las aseguradoras cortan la asistencia médica de los lesionados.
En este artículo analizaremos los elementos que han de tenerse en cuenta para tener probadas las lesiones reclamadas por las víctimas de siniestros de baja intensidad.

I. INTRODUCCIÓN

Hay que tener en cuenta que, durante los últimos años desde la aplicación del carnet por puntos, la implementación de radares fijos y móviles, la normativa más severa, y la implicación de los ayuntamientos en la materia, se ha avanzado mucho en el objetivo de reducir el número y gravedad de los siniestros.

Esto es muy positivo, ya que la reducción de accidentes graves salva vidas y evita en muchas ocasiones que las personas sufran gravísimas lesiones. Sin embargo, los accidentes leves también producen lesiones y algunas son bastante importantes, ya que las personas somos distintas y en un accidente intervienen muchos factores que pueden ocasionar que una persona salga ilesa y otra lesionada o incluso pierda su vida.

Lamentablemente, en los accidentes de baja intensidad, las aseguradoras han destinado muchos recursos para generar la convicción de que los accidentes leves no producen lesiones. Nos encontramos con lesionados que permanecen un tiempo de baja, que reciben un tratamiento médico y que incluso tienen secuelas, pero los daños materiales del vehículo son escasos. Son supuestos donde la prueba de la relación causal entre la colisión (daños materiales de vehículo) y las lesiones es difícil, tanto para los abogados especialistas en seguros de la parte perjudicada, como para el juez a la hora de valorar los hechos, ya que la aseguradora cuenta con más medios que el particular y acudirá a juicio con todas las armas.

La jurisprudencia mayoritaria considera que no se puede negar la posibilidad de lesiones simplemente por los daños materiales del vehículo, sino que hay que valorar toda la prueba. Pero como hemos dicho, las aseguradoras llevan años dedicando muchos esfuerzos a vincular esta cuestión y generar la convicción de que las víctimas simulan las lesiones para cobrar una indemnización. Este discurso ha tenido calado en algunos tribunales y Audiencias Provinciales de nuestra extensa geografía y nos encontramos con resoluciones favorables a las aseguradoras y restrictivas con los derechos de una víctima que, como parte débil de la relación, se ha encontrado con todos los obstáculos, algunos propiciados por su propia compañía.

Toda la normativa de aplicación en las reclamaciones de siniestros ha sufrido una serie de cambios importantes desde 2015. Los cambios legislativos no sólo dependen de los políticos de nuestro país, sino también de la Unión Europea. Y no podemos olvidar la influencia y presión que ejercen los Lobbys inscritos en la UE que han ayudado a modificar leyes. España, junto con Grecia y Portugal son los países de la UE donde es más difícil reclamar y donde las indemnizaciones son menores.

En nuestro país se despenalizaron las faltas en 2015 y con ello los accidentes de tráfico, lo que unido a la aprobación de la Ley 35/2015 (que impone muchos requisitos a las víctimas), ha provocado un retroceso en los derechos de nuestros ciudadanos cuando han sido víctimas de un accidente de tráfico. Por poner un ejemplo, la víctima tiene que hacer una reclamación formal y esperar 90 días desde la reclamación a que la aseguradora conteste, para poder acceder a la justicia. Sólo el estado tiene esta facultad de que se le reclame previamente antes de interponer una demanda en su contra. Otro ejemplo es que la ley permite a la víctima pedir una valoración del forense si no está conforme con la oferta de la compañía, pero si la compañía incumple con sus obligaciones y no hace oferta, la víctima no puede acceder al forense y debe pagar un perito médico privado para poder demandar. Incluso hemos podido comprobar con gran consternación, como algunos juzgados han aprobado “Acuerdos de unificación de criterios” en los que los jueces deciden que si la víctima no está conforme con la oferta, demanda y la sentencia le da una cantidad parecida a la ofrecida por la aseguradora, se le impondrían las costas a la víctima. Y ello se dice que es para descongestionar la justicia y evitar el uso abusivo del sistema. Sin embargo, los derechos de las víctimas a ser resarcidas por sus daños y su derecho fundamental reconocido en la Constitución a obtener la tutela judicial efectiva, JAMÁS debería limitarse ni coartarse bajo la amenaza de una imposición de costas, más cuando las aseguradoras incumplen sus obligaciones legales de forma constante y cada vez tienen más poder y las víctimas se hallan más indefensas. La mejor forma de descongestionar la justicia sería penalizar más a las compañías que incumplan sus obligaciones y facilitar a las víctimas mejores sistemas para poder ser resarcidas.

En CONSULT RECLAMACIONES somos especialistas en seguros de coches y contamos con tramitadores especializados y abogados especialistas en derecho de la circulación, que día a día, defendemos los intereses y derechos de las víctimas de los accidentes de circulación, en este entorno cada vez más complejo.


II. EL PAPEL DE LA COMPAÑÍA PROPIA EN LOS SINIESTROS DE BAJA INTENSIDAD

Tristemente, en este tipo de siniestros, la primera en perjudicarnos puede ser nuestra propia compañía. Generalmente nuestra compañía será quien se haga cargo de nuestra asistencia sanitaria, ya sea porque tengamos esa cobertura en la póliza o porque exista un convenio con la aseguradora del vehículo responsable del accidente.

Podríamos destinar un artículo entero a tratar las razones por las que los peritajes realizados por las compañías arrojan unos costes de reparación tan bajos.

Después de peritar los daños de nuestro vehículo, si estos son pequeños, nuestra propia compañía de seguros puede aplicar alguno de los supuestos que existen en el convenio de tráfico y paralizar el gasto sanitario. Con esto, la compañía se ahorra un gasto y perjudica directamente al lesionado, en tanto en cuanto se encuentra con que para recibir asistencia sanitaria debe acudir con urgencia a la sanidad pública, que retrasará la asistencia por las listas de espera. En época COVID_19, esto es mucho más grave, porque nuestro sistema de asistencia sanitaria está dedicado en cuerpo y alma a la lucha contra esta pandemia, dejando las otras patologías un poco de lado y las lesiones de los accidentes de tráfico quedan sin tratar debidamente o transcurren unos plazos muy amplios. El perjudicado queda indefenso ante esta situación, a menos que tenga una mutua médica que le cubra la asistencia o pague de su bolsillo un tratamiento en centros privados que no puede asegurarse que vaya a recuperar. No se debería permitir que pagando una garantía de asistencia sanitaria una compañía pueda negarla aduciendo el artículo 135 TRLRCSCVM Debería ser una garantía de Recobro a que el cliente pudiera dar el crédito al centro que le preste el servicio y esta debería hacer el pago por esta garantía inmediatamente.

La Interrupción de aplicación del Convenio Asistencial (parte aceptado), puede deberse a los siguientes supuestos:
  1. Existencia probada de fraude.
  2. Falta de relación causal, criterio de intensidad (daños materiales escasos).
  3. Falta de relación causal, criterio cronológico (el lesionado no recibe asistencia sanitaria en un plazo determinado desde el accidente. LA CLAVE SON 72H).
  4. Falta de relación causal, criterio de exclusión (la lesión obedece a otra causa distinta del accidente, por ejemplo una pelea con el conductor contrario).
  5. Falta de relación causal, criterio topográfico (la ubicación de la lesión no se corresponde con la mecánica del siniestro).

III. LOS TRAUMATISMOS MENORES DE COLUMNA VERTEBRAL Y EL CRITERIO DE INTENSIDAD

Como hemos indicado anteriormente, este tipo de accidentes de baja intensidad suelen ser colisiones por alcance trasero, en las que la lesión típica es el latigazo cervical que es un esguince esguince producido por una brusca hiperextensión o hiperflexión del cuello que va más allá de su rango normal de movimiento. Y es ahí donde las aseguradoras dedican todo su empeño en demostrar (a partir de los costes de reparación del vehículo según el peritaje), que la energía que sufrió el cuello cuando la cabeza fue lanzada hacia adelante para después retroceder, no fue tan violento y por tanto, no pudo causar ningún tipo de lesión a la víctima, por más que ésta aqueje dolor, limitaciones y los médicos asistenciales lo hayan corroborado en sus informes.

En enero de 2016 entró en vigor la reforma de la LRCSCVM operada por la Ley 35/2015 de 22 de septiembre que, que introdujo el artículo 135, que establece las pautas para tener demostrados las lesiones por los llamados traumatismos menores de la columna vertebral y poder reclamar la indemnización. Actualmente, 5 años después de la entrada en vigor de la reforma, las aseguradoras y los abogados de las víctimas todavía mantenemos interpretaciones contradictorias sobre el contenido de este artículo y aún no ha sido interpretado de forma unánime por los tribunales. Cuando este artículo se basa precisamente en cómo valorar aquellas lesiones que no se pueden diagnosticar con ninguna prueba complementaria u objetiva, las aseguradoras exigen que haya una prueba como por ejemplo una resonancia, que lo que haría es diagnosticar una hernia, no una contractura derivada de un latigazo cervical. Y así continuamos, con una altísima litigiosidad por estos accidentes menores en los que la víctima debe destinar gastos y tiempo para conseguir la indemnización a la que tiene derecho y que en muchas ocasiones, es pequeña y la víctima se plantea si le ha compensado el esfuerzo dedicado a conseguirla. Confiamos en que con el tiempo, sea interpretado de forma más favorable hacia el perjudicado


IV. LAS VALORACIONES DE PRUEBA Y SUS REGLAS

Nuestro equipo de abogados especialistas en seguros y accidentes de tráfico sabe bien que ante un mismo accidente, el resultado final puede ser muy distinto en función de la compañía contraria e incluso del juzgado donde recaiga el asunto. El juez valora las pruebas que le presentan las partes y tomará la decisión a partir de las mismas. Por tanto, conseguir buenos medios de prueba va a resultar fundamental y a más pruebas, más probabilidades de conseguir la indemnización justa.

En muchas ocasiones, el lesionado no va a invertir tanto para aspirar a conseguir que el juez le dé la razón, por lo que nuestros abogados se ven abocados a procedimientos muy difíciles con armas escasas y frente a los mayores recursos de la aseguradora, que contará con los gabinetes técnicos y con los peritos médicos incluso especialistas en traumatología y radiología que actuarán de modo combinado y explicarán al juez que esa persona que antes del accidente estaba bien y luego ya no y que recibió un tratamiento médico, en realidad no pudo lesionarse porque el siniestro no tuvo la intensidad suficiente para lesionar de acuerdo con unos determinados estudios estadísticos (y omitiendo otros, que revelan datos contrarios).

En un proceso judicial vamos a aportar prueba documental (el parte o atestado, las fotografías, los informes médicos, la factura de reparación…). Obligatoriamente habremos de aportar un dictamen pericial médico de valoración de las lesiones, en el que el perito médico especialista en valoración del daño corporal analizará toda la documentación médica, las radiografías, las resonancias si las hay, etc. y además realizará una exploración física del lesionado. El perito médico podrá valorar otras cuestiones como los antecedentes de la víctima, la posición en el momento del accidente, la entidad del golpe, etc. pero con ciertas limitaciones, ya que no puede entrar en cuestiones técnicas, pues el juez consideraría que se extralimita en el objeto de su pericia. Sería ideal también contar con una pericial de carácter técnico que contrarreste la pericial “biomecánica” de la aseguradora, pero como hemos dicho, en ocasiones, el importe de la indemnización a conseguir en un accidente de baja intensidad no permite tanta inversión, al tiempo que los seguros de defensa jurídica cada vez tienen menores coberturas y además, en la mayoría de ocasiones no disponemos de los datos para poder encargar la pericial técnica, ya que las aseguradoras no entregan los peritajes de los daños materiales.

A su vez, la aseguradora aportará documentación y los dictámenes periciales, que en estos casos suelen ser un informe que se puede llamar “biomecánico” o de “análisis de intensidad” u otra denominación similar, y otro informe pericial médico.

El juzgador tiene que valorar las pruebas que se practican en el acto del juicio y el ordenamiento jurídico da amplísimas facultades a la hora de valorar estas pruebas con total libertad, especialmente las periciales, aunque el juez deberá razonar su decisión y ajustarla al derecho aplicable y también a la lógica, de modo que su resolución no contradiga el sentido común.

Nuestro ordenamiento tiene ciertas reglas de lo que se llama la carga de la prueba. En general, quien pide debe demostrar la certeza de los hechos que alega. Sin embargo, en determinadas materias, la propia ley flexibiliza o incluso invierte la carga de la prueba, siendo el contrario quien debe demostrar que el demandante no dice la verdad. En materia de nexo de causalidad entre las lesiones y los accidentes, la jurisprudencia mayor favorece a las víctimas, pero todavía queda mucho camino por recorrer, puesto que es habitual que las decisiones de algunos jueces de primera instancia se aparten de la postura de las Audiencias Provinciales e incluso del Tribunal Supremo, lo que es un problema, especialmente en reclamaciones de menos de 3000€ en las que no cabe recurso contra la sentencia.


V. EL SINIESTRO Y SUS CONSECUENCIAS


A. Criterio de intensidad y trascendencia de los daños materiales. Como hemos apuntado anteriormente, los daños materiales sufridos por el vehículo en el accidente, se ven reflejados (o al menos deberían) en la peritación que realiza nuestra propia compañía. Con esto, a través de un perito, nuestra compañía analiza las consecuencias económicas que le supone el siniestro, ya que, debido a los convenios, será nuestra aseguradora (y no la del vehículo culpable) la que se encargue de la reparación, a cambio de la percepción de un módulo fijo por parte de la compañía contraria.

Es evidente que las aseguradoras intentan abaratar costes. Y no es lo mismo ir a un taller de concesionario donde el precio de hora va a 90 euros/hora más IVA, que a un taller a 35 euros/hora más IVA. Además, con ánimo de abaratar costes se producen ciertas actuaciones como reparar elementos que deberían sustituirse y nos encontramos a menudo con clientes que están muy insatisfechos con las reparaciones efectuadas.

El abaratamiento de costes de reparación es una ventaja para la compañía, pero puede tener resultados nefastos para el lesionado, que tras sufrir las lesiones y todas las molestias que supone una baja laboral, la asistencia sanitaria, etc., se encuentra con que se le niega la indemnización.

Nosotros hemos de aportar las pruebas para que el juez pueda analizar todos los elementos en su conjunto y no quedarse sólo con los elementos que interesan a la aseguradora.

Como hemos expuesto anteriormente, las aseguradoras aportan informes técnicos de intensidad o biomecánicos, realizados por ingenieros que estudian los distintos factores técnicos que han coadyuvado al siniestro, y a la luz de determinados estudios técnicos (Instituto de Investigación sobre vehículos S.A) propiedad de las entidades aseguradoras. El ingeniero en realidad no conoce las circunstancias concretas del siniestro, ni los términos que concurren como la posición del perjudicado, peso altura etc., sólo pueden conocerse a través del testimonio del perjudicado, testimonio que es interesado, lo que dificulta la valoración de estos siniestros, y la determinación de las concretas lesiones. A desconocer los datos exactos del siniestro (velocidad, ángulo, vector, posición…), el ingeniero rellena los huecos con hipótesis, con lo que la conclusión al final, no es más que otra hipótesis entre muchas posibles. El ingeniero realiza los cálculos a partir de los daños materiales del vehículo (normalmente a partir de la valoración económica de la reparación, sin haber visto el vehículo) y lo compara con otras colisiones similares realizadas en crash test (la mayoría de estos estudios son patrocinados por aseguradoras) con otros vehículos y en condiciones distintas, éste accidente tiene un Delta-V determinado.

El perito médico designado por la aseguradora indicará que ese Delta-V está por debajo del umbral lesivo, que evidentemente, es un dato estadístico realizado a partir de unos estudios con sujetos voluntarios en accidentes producidos en un entorno controlado.

La aseguradora intentará que el juez no dé credibilidad a los informes de los médicos asistenciales y considere que la víctima estaba fingiendo, porque sus peritos dicen que objetivamente no pudo lesionarse. Un juez versado en la materia sabrá que la “biomecánica” de la compañía de seguros es una hipótesis de lo que pudo pasar y que expone sólo una de las conclusiones posibles. Pero que para determinar si ese concreto accidente pudo o no lesionar a esa concreta persona y por eso el juez analizará, además de la intensidad de la colisión, la situación de la propia víctima, es decir, de su constitución física, altura, peso, edad, colocación o posición en el vehículo o, incluso, de la postura que adoptara en el habitáculo en el momento del impacto, entre otras cosas. Sin embargo, un juez poco versado en esta materia podría confundirse ante la parafernalia técnica de los informes biomecánicos y considerar que ofrecen datos veraces e irrefutables sobre el siniestro concreto.

En CONSULT RECLAMACIONES, nuestra empresa especialista en la reclamación de siniestros, recomendemos encarecidamente contar con una contra pericial, en la que el perito especialista le diga al juez la absoluta realidad y es que hay otras hipótesis en las que la víctima sí resulta lesionada, que es en definitiva, lo que ha acontecido, pues de no ser así, los médicos asistenciales se habrían dado cuenta de que la persona estaba fingiendo. De no poder contar con esta contra pericial biomecánica, nuestros abogados se centrarán en intentar desvirtuar la veracidad de la pericial de la aseguradora, convencer al juez de que no es más que una hipótesis, pues ni la baja intensidad del accidente ni el informe de biomecánica han de ser capaces de descartar por si mismos el nexo causal entre un accidente y unas lesiones que constan demostradas en los informes médicos asistenciales.

B. Criterio cronológico: plazo de asistencia médica.
Junto al criterio de intensidad, éste fundamenta buena parte de los rechazos de las aseguradoras.
Cuando sufrimos un accidente ES SUMAMENTE IMPORTANTE acudir a un centro médico lo más pronto posible para que haya una causa efecto es indispensable y esencial como modo probatorio para nosotros como empresa de abogados reclamadores.

Es muy habitual que las víctimas de estos accidentes se vayan a casa y se automediquen, para no faltar al trabajo o porque no pueden organizarse para acudir al médico (y especialmente ahora, en la situación ocasionada por el COVID_19, en la que se intenta evitar acudir a la sanidad colapsada y ante el temor de contagiarnos). 72h pasan muy rápido y especialmente cuando los accidentes se producen un jueves o un viernes y la persona confía en que el descanso del fin de semana le ayudará, cuando se da cuenta de que no mejora, ya es tarde. La propia compañía al dar el parte, la que en teoría debería ayudarles a reclamar, no suele avisar de los plazos.

La LRCSCVM utiliza una terminología amplia: “que consiste en que la sintomatología aparezca en tiempo médicamente explicable. En particular, tiene especial relevancia a efectos de este criterio que se hayan manifestado los síntomas dentro de las setenta y dos horas posteriores al accidente o que el lesionado haya sido objeto de atención médica en este plazo.” Sin embargo, en la práctica se interpretan estas 72 como un plazo perentorio. Hemos visto rechazos porque la atención médica se produce a las 73 horas, lo cual no tiene ninguna lógica.

La actual LRCSCVM y sobre todo la interpretación de la misma, perjudica excesivamente a las víctimas. Fue una norma que se negoció para intentar reducir las indemnizaciones de los siniestros más habituales, a cambio de subir los importes de las indemnizaciones de muerte e invalidez, que a pesar de ello siguen siendo de las más bajas en Europa, si las comparamos con países de nuestro entorno Francia Alemania o Italia.

Superadas las 72 h, en nuestra experiencia, sólo en casos muy excepcionales hemos visto sentencias favorables a esta tesitura. Nos debemos encontrar con jueces muy comprensivos con el perjudicado, para que se reconozca.

Y más allá del plazo de esa primera asistencia, nos encontramos con informes iniciales en los que no se indican todas las manifestaciones clínicas del paciente, ya sea porque son muy parcos o porque la asistencia ha sido tan inmediata, que aún no se han manifestado todos los síntomas. ES MUY IMPORTANTE que la víctima lea el informe y advierta al médico asistencial de las omisiones, porque muy a menudo nos encontramos con lesionados que insisten en que tenían una lesión desde el principio, pero como no se puso en el informe de urgencias o en el siguiente, los jueces consideran que no se cumple el criterio cronológico y que esa lesión no deriva del accidente. Los síntomas iniciales son clave y deben diagnosticarse correctamente. Tener un informe médico que se le hayan diagnosticado en este periodo en un tiempo dichas lesiones que generalmente, son cervicalgia, lumbalgia, etc., a un siniestro de escasa entidad, es una prueba objetiva que el siniestro ha podido producir lesiones en el perjudicado normalmente en el informe se refleja si hay dolor en el movimiento de cuello, o en la parte lesionada, es decir esos partes dan cuenta en primera instancia, de la entidad de la lesión, etc. Además, a veces se deduce en el parte de urgencias si hay lesiones previas del parte de urgencias. Su dimensión exacta se definirá en el tratamiento médico que reciba el perjudicado en el periodo de recuperación y los posibles resultados finales.

C. Criterio de exclusión y existencia de patología previa. El juez debe valorar si una lesión es consecuencia de este accidente de baja intensidad es decir que no medie otra causa que justifique totalmente la patología. En efecto, una vez que el perjudicado aporta el informe médico tras el siniestro, donde se acredita un dolor o molestias fruto de una colisión, es importante descartar que el perjudicado no tenía patologías previas que o bien fuera la causa de dicho dolor, o agraven dicho dolor.

Como empresa de abogados especialistas de seguros, podemos confirmar que la acreditación o no de lesiones previas en el perjudicado es un elemento de gran importancia para poder dar por probadas las lesiones que se reclaman en supuesto de colisiones de baja intensidad. Sera la valoración del juez, después de comprobar las circunstancias y la documentación del caso concreto, el que determinará qué alcance tendrán esas lesiones previas.

Hay que tener en cuenta que a partir de los 30 años, las pruebas complementarias que nos practiquen van a revelar incipientes signos degenerativos y que a medida que avanza la edad de la víctima, saldrán más elementos que las compañías aprovecharán para negar el nexo causal entre el accidente y las lesiones, por lo que será trascendental contar con un certificado médico relativo a nuestro historial.

D) Criterio topográfico y relación de las lesiones con el accidente. La topografía se refiere a la técnica que describe un representa en un plano la superficie o relieve en un terreno. La anatomía topográfica divide el cuerpo humano en tres zonas principales : Cabeza, tronco y extremidades que, a su vez, estas son subdivididas en porciones más pequeñas denominadas regiones anatómicas.

El criterio topográfico en materia de accidentes de tráfico vincula el lugar o tipo de lesión con la mecánica del accidente. Aunque comparado con el criterio de intensidad y cronológico, el topográfico es infrecuente, lo cierto es que cuando se alega resultan bastante llamativos los argumentos vertidos por los médicos de las aseguradoras, algunos más proclives que otros a realizar ciertas manifestaciones en sala que han causado estupefacción a nuestros abogados e incluso a algún juzgador. Alegaciones como esta lesión sólo la sufren los tenistas o en una colisión por alcance es imposible lesionarse las lumbares porque las protege el asiento, estarían dentro de los argumentos de este criterio. Además, suele combinarse hábilmente con el criterio de exclusión.

La IIHS norteamericana ha publicado un estudio relativo al daño en choques, causado por las diferencias en alturas entre parachoques además de tomar también como referencia el daño que recibiría un coche u otro. En un accidente de tráfico es necesario identificar las pruebas encontradas, las características geométricas del terreno, medir las marcas de frenado, los pesos de los vehículos, la carga y analizar las alineaciones del vehículo en el momento del accidente

El criterio topográfico es el causante de muchos rechazos en reclamaciones a las compañías de transporte público. Ante un frenazo o maniobra brusca, si el pasajero no está agarrado a la barra no será indemnizado. Si lo está y sobre todo si es una persona de edad avanzada, en la mayoría de los casos sufrirá una lesión en la articulación del hombro debida a la fuerza ejercida para aguantar su cuerpo y evitar caer al suelo durante esa maniobra violenta del vehículo. La posibilidad de que el informe de la clínica que se encarga de esa primera asistencia por derivación de la propia compañía de seguros de transporte, recoja el dolor en el hombro es muy baja. Después, la demora en el inicio del tratamiento y la recogida de esa sintomatología en los informes posteriores, combinado con la edad de lesionado y la indudable constancia de artrosis, deshidratación, osteoporosis y otras patologías propias de la edad, sirve en bandeja dos criterios de exclusión de causalidad.

Así, en estos casos deberemos contar con informes periciales médicos y siempre que sea posible, con informes técnicos que valoren todas las variables, que son altamente complejas y que son clave para el veredicto que emite el juez, es necesario una gran profesionalidad, conocimiento de la materia y a la vez una buena capacidad de comunicar. El informe deberá ser veraz, detallado y exhaustivo. Deberá trasmitirse de una manera que puedan entender aquellos que no poseen conocimientos en topografía, deben ser eficaces, claros y utilizar un lenguaje sencillo. Solo así los jueces podrán tomar las decisiones adecuada.